La toxina botulínica es uno de los principales tratamientos para lograr la mejoría temporal de las arrugas cutáneas, además de prevenir la aparición de otras nuevas. Esta técnica de rejuvenecimiento facial es eficaz, segura y cómoda, permitiendo eliminar los surcos y arrugas que aparecen en ciertas zonas del rostro como consecuencia de gestos que hacemos habitualmente.

La toxina botulínica es una proteína cuya función es paralizar, de forma temporal, la conexión entre el nervio y el músculo. Dicha toxina, al ser inyectada en el músculo, disminuye su capacidad de contracción, lo relaja y hace desaparecer las arrugas que se producen por ello. Es por ello que, dicho tratamiento, está indicado para suavizar y/o prevenir las arrugas de expresión.

El tratamiento se realiza mediante la inyección de dicho producto en el músculo deseado. El pinchazo se lleva a cabo con una aguja muy fina, prácticamente imperceptible. Peviamente a la inyección, se aplica una crema anestésica en la zona a trabajar.

Los efectos de la toxina botulínica suelen durar entre 3 y  meses. Al irse eliminando poco a poco, alrededor del tercer mes, los resultados se atenúan y a los  5 ó 6 meses, desaparecen completamente.